En superficie, en cada intersección: paradas, semáforos en rojo, ralentizaciones y ese famoso efecto acordeón que convierte un trayecto fluido en un recorrido a tirones.
Bajo tierra tenemos una ventaja que la superficie no posee: la profundidad. En cada cruce de la red, un túnel pasa simplemente por debajo del otro.
- Ninguna parada
- Ningún semáforo
- Ningún efecto acordeón
- Una circulación 100 % continua, las 24 horas del día
De Sainte-Foy al Viejo Quebec sin poner el pie en el suelo ni una sola vez. Un pedaleo fluido, constante, predecible, como un río que nunca encuentra una presa.
A recordar: la superficie está saturada; bajo nuestros pies, el espacio es infinito. Esa es la magia de pensar en 3D.