¿No sería más sensato destinar ese dinero a las infraestructuras para el automóvil?
Este proyecto se concibió precisamente para los automovilistas. Nuestro objetivo es sencillo: retirar 100 000 usuarios de las carreteras y hacerlos circular bajo tierra, para descongestionar la superficie — coches, autobuses, e incluso las bicicletas, que dejan así de «estorbar».
Ningún otro proyecto libera 100 000 usuarios de la calzada por tan poco como unos 10 000 millones de dólares. Es, en el fondo, la fantasía misma de los automovilistas: menos gente delante de ellos, sin quitar nada a la carretera.